Capítulo XVI — Inventario
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Inventario
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CAPÍTULO XVI — Inventario — FINAL V1 Samuel Kron dejó el cuaderno azul sobre la mesa de la cocina de Mara como quien deja un animal dormido. No lo hizo con solemnidad. Eso habría sido más fácil. Lo sacó de la mochila entre una bolsa de bombillas sobrantes, el paraguas ajeno de Mara —devuelto con una dignidad algo torcida— y el papel de envolver pan donde había escrito, con letra desigual, tres pequeñas promesas domésticas: Hoy, 18:00 — llamar a mamá. Mañana después de comer — ir. Bombilla del pasillo. Mañana, 18:00 — llamar. La última frase parecía más frágil que las otras. Quizá porque todavía no había sido cumplida. Quizá porque las promesas pequeñas, cuando no tienen mármol ni testigos, dependen demasiado de la decencia de quien las ha escrito. El cuaderno azul no brillaba. No necesitaba hacerlo. Tenía tapas de cartón común, esquinas ablandadas por los años, una mancha marrón en el lomo y una pegatina casi despegada donde apenas se distinguían restos de un dibujo infantil: quizá un planeta, quizá una naranja, quizá una torpeza con pretensiones astronómicas. Una goma elástica lo mantenía cerrado, no como sello misterioso, sino como precaución contra la mala calidad del pegamento y la vejez del papel. Olía a armario, polvo, tinta seca y a esa humedad leve de las cosas que han pasado demasiado tiempo en una caja familiar sin ser exactamente abandonadas. Samuel comprendió que los objetos verdaderamente peligrosos no siempre venían de la Biblioteca. Algunos cabían en una mochila. Mara estaba junto al fregadero, lavando una taza que no parecía necesitar lavado. Lía se había sentado en la silla de la derecha, con el sobre de Iria guardado dentro…
La puerta ya está entreabierta.
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