Capítulo XV — La bombilla del pasillo
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La bombilla del pasillo
El libro se abrirá por la página marcada. La primera línea aparecerá como si una pluma invisible despertara el texto.
CAPÍTULO XV — La bombilla del pasillo — V1 El papel de envolver pan sobrevivió mejor que Samuel al resto de la mañana. Lo encontró al despertar por segunda vez, doblado dentro de la cartera, detrás de una tarjeta de transporte y un recibo tan antiguo que la tinta se había convertido en una opinión. Durante un instante no recordó haberlo guardado allí. Luego la memoria volvió con la brusquedad modesta de las cosas importantes: la cocina de Mara, la llamada a su madre, el reloj avanzando un solo minuto, la miga bajo la palabra “mamá”. Lo desplegó. La letra era suya, aunque tenía la inclinación nerviosa de quien había escrito algo más grave que una cita y menos solemne que una promesa. Hoy, 18:00 — llamar a mamá. Mañana después de comer — ir. Bombilla del pasillo. Nada en aquellas dos líneas parecía arkémico. No había símbolos, ni tinta pálida, ni puertas que recordaran nombres anteriores al lenguaje. Solo una hora, una madre y una bombilla fundida. Precisamente por eso el papel pesaba. Samuel estaba sentado otra vez en la cocina de Mara Arven. Había dormido un par de horas en la butaca, mal y profundamente, con esa clase de sueño que no cura, pero impide que el cuerpo denuncie al alma por abandono. Lía había descansado en la habitación de atrás, cerca del cuaderno cerrado. No había abierto el sobre. La astilla azul no había escrito nada nuevo. Nix había dormido en el respaldo de una silla aprobada provisionalmente por Mara y se había despertado con la dignidad ofendida de quien ha sobrevivido a una noche sobre mobiliario sin linaje. El reloj de la cocina seguía detenido a…
La puerta ya está entreabierta.
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