Samuel Kron y la Biblioteca de Arkémion

Lector Arkémico Ritual

Capítulo XIII — La silla que entra vacía

Samuel KronNéboraVista previaModo libro ritual
Capítulo XIII — La silla que entra vacíaAbre el tomo, pasa página y continúa tu lectura en pergamino arkémico.
Narrador
Voces disponibles del navegador
La voz depende de tu navegador.
Tomo preparado

La silla que entra vacía

El libro se abrirá por la página marcada. La primera línea aparecerá como si una pluma invisible despertara el texto.

CAPÍTULO XIII — La silla que entra vacía — VERSIÓN CORREGIDA SAMUEL KRON La silla no entró en Café Lumbre. Eso fue lo primero que Samuel comprendió cuando dejó de mirar hacia la puerta cada vez que alguien pasaba por la acera mojada. Durante varios minutos —quizá más; el cansancio tenía la mala educación de manipular el tiempo— había esperado que ocurriera algo visible. Un crujido en la madera. Una sombra distinta entre las mesas. La campanilla del mostrador sonando sola con ese tono de objeto que no pide permiso porque pertenece a una lógica anterior a las normas de urbanidad. Pero no ocurrió nada de eso. Café Lumbre seguía siendo Café Lumbre: un refugio pequeño, cansado y obstinadamente humano en medio de la lluvia de Nébora. Las lámparas ámbar derramaban una luz espesa sobre las mesas. El vapor de las tazas empañaba los cristales. Al fondo, una cafetera resoplaba como un animal viejo que había visto demasiadas madrugadas y no tenía intención de morirse antes de servir un último café decente. Una pareja discutía en voz baja junto a la ventana; un estudiante dormía con la frente apoyada en un libro de anatomía; un camarero con ojeras de filósofo derrotado limpiaba una cucharilla como si en ella pudiera encontrar una respuesta moral. La vida, pensó Samuel, no tenía ningún pudor en continuar mientras uno atravesaba una grieta del mundo. Lía estaba sentada frente a él, con el cuaderno cerrado bajo las manos. No lo apretaba. Eso habría sido demasiado evidente. Pero sus dedos descansaban sobre la cubierta negra con una quietud tan calculada que revelaba exactamente lo contrario: una tensión contenida hasta el borde. Dentro de aquel cuaderno, envuelta…

Continúa como miembro gratuito

La puerta ya está entreabierta.

Este capítulo está reservado para miembros gratuitos. Puedes crear cuenta sin pago y seguir la lectura desde aquí.

Scroll al inicio