Capítulo VIII — La casa de Mara Arven
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La casa de Mara Arven
El libro se abrirá por la página marcada. La primera línea aparecerá como si una pluma invisible despertara el texto.
SAMUEL KRON Y LA BIBLIOTECA DE ARKÉMION Las Cámaras del Sistema Arkémico CAPÍTULO VIII La casa de Mara Arven — VERSIÓN CORREGIDA SAMUEL KRON Nébora · Después de la conversación pendiente I. La lluvia había vuelto a Nébora con esa discreción persistente de las cosas que no necesitan justificarse. Samuel salió de casa de su madre con una bolsa de comida en una mano y demasiados objetos imposibles en la otra parte de la vida, allí donde no había bolsillos suficientes: la llave oscura contra el pecho, la letra K envuelta en un pañuelo, el libro de Arkémion dentro de la mochila, el cuaderno de Damián Kron, la papeleta de consulta del K-0315 doblada entre las páginas, el fragmento del sobre de Iria que Lía le había prestado y una conversación con su madre todavía temblando bajo las costillas. No había sido una conversación perfecta. Eso quizá la hacía verdadera. Su madre no le había ofrecido un relato limpio de Esteban Kron. No había convertido a su padre en víctima definitiva ni en culpable sin matices. Había recordado mal, se había corregido, había llorado sin querer llorar y había dicho cosas que luego había querido retirar. Samuel tampoco había estado a la altura todo el tiempo. En dos ocasiones había sentido la vieja tentación de ordenar el dolor ajeno para sentirse menos perdido. En una, casi le preguntó algo solo porque necesitaba una respuesta que abriera la página sellada del libro. La campanilla invisible le había sonado dentro del pecho antes de que la frase saliera de su boca. No empieces por perdonarlo. Empieza por no reducirlo. La frase seguía allí. No como consigna. Como dificultad. Bajó las escaleras del…
La puerta ya está entreabierta.
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