Capítulo IV — La Plaza de los Nombres Perdidos
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La Plaza de los Nombres Perdidos
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SAMUEL KRON Y LA BIBLIOTECA DE ARKÉMION Las Cámaras del Sistema Arkémico Capítulo IV La Plaza de los Nombres Perdidos — VERSIÓN CORREGIDA SAMUEL KRON I. Samuel Kron volvió a casa cerca de medianoche con la sensación de que Nébora había aprendido a caminar detrás de él. No era miedo exactamente. El miedo habría sido más limpio, más fácil de señalar. Era una vigilancia del cuerpo, una atención nueva en la nuca, en los dedos, en la respiración. Cada farola parecía inclinarse apenas cuando pasaba bajo ella. Cada charco repetía la luz con una demora mínima, como si necesitara pensar antes de devolver el mundo. A esa hora, la ciudad no estaba dormida; Nébora nunca dormía del todo. Solo cerraba algunos ojos para abrir otros en lugares menos convenientes. Samuel caminaba solo. Lía se había quedado en Café Lumbre con Oren, no por debilidad ni por confianza plena, sino porque el día atacado había dejado demasiadas preguntas abiertas sobre Iria Varenn y porque el local, con sus lámparas ámbar y su terquedad de refugio, parecía el único lugar donde una espera podía no convertirse inmediatamente en trampa. Antes de que Samuel saliera, Oren le había dicho algo a ella en voz baja. Samuel solo alcanzó a ver cómo Lía cerraba los dedos alrededor de un sobre de color marfil, sellado con cera azul oscuro, y cómo lo guardaba dentro del abrigo como quien guarda una herida que todavía no está lista para ser mirada. Después recibió un mensaje suyo, ya en mitad del camino. No lo he abierto. Un minuto después llegó otro. Oren dice que era de mi madre. Dice también que no lo abra por hambre de respuesta.…
La puerta ya está entreabierta.
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